EL CAMINO DE LA VIDA

EL CAMINO DE LA VIDA
EL CAMINO DE LA VIDA. - Every day you may make progress. Every step may be fruitful. Yet there will stretch out before you an ever-lengthening, ever-ascending, ever-improving path. You know you will never get to the end of the journey. But this, so far from discouraging, only adds to the joy and glory of the climb. - Sir Winston Churchill.

jueves, 27 de mayo de 2010

Almuerzo cultural: Carmina Burana

Estimados amigos,

Una de las piezas musicales más curiosas y memorables del siglo XX es la famosa cantata Carmina burana, del alemán Carl Orff (1895-1982).  Inmortalizada como fondo musical en películas y también en frecuentes programas de concierto, esta composición es parte de la memoria popular de nuestro tiempo. Como sucede a menudo con los clásicos, la obra tiene una historia interesante que vale la pena conocer.

Carmina burana es el nombre dado a una colección de cantos goliardos de los siglos XII y XIII reunidos en un códice o manuscrito que fuera encontrado por accidente en 1803, en la Abadía de Bura Sancti Benedicti (Benediktbeuern), en Baviera, por Johann Christoph von Aretin .

Carmina burana se traduce tradicionalmente como “Canciones profanas de Beuern”. El término procede del latín cármĕn/carminis, que significa “canto” o “cántico”, y de burana, que es el adjetivo gentilicio que denota la procedencia del documento: en este caso “Bura” (el nombre latino del pueblo alemán de Benediktbeuern).

El códice bávaro recoge un total de 300 rimas, escritas en su mayoría en latín (aunque los versos no siguen una métrica clásica).  Algunas de las rimas están escritas en un dialecto germánico de la zona y otras en provenzal (una variedad de francés antiguo).  Se cree que fueron escritos hacia el año 1230, posiblemente en la abadía benedictina de Seckau o en el convento de Neustift, ambos en Austria, y luego llegaron a Baviera por esos avatares de la historia europea.

Estos poemas son un canto al gozo de vivir y al interés por los placeres terrenales, incluyendo el amor carnal y el amor a la naturaleza.  Son, de varias formas, un claro antecedente a ciertos aspectos del Renacimiento que vendrán a imponerse en Europa más de doscientos años después.

Los cánticos contienen una visión satírica a los rígidos estamentos sociales y eclesiásticos de la Edad Media, que se debatían entonces entre el poder del Papa y el del Emperador.  La sociedad en general es ridiculizada por los poemas, en especial aquellas personas que ostentaban en ese tiempo la representación del poder terrenal (el Emperador y sus seguidores: los gibelinos) y la del poder celestial (el Papa y sus adeptos: los güelfos).  Es en mucho, por esta rivalidad, que Alemania e Italia no se consolidaron como estados nacionales sino hasta muchos siglos después.

Las composiciones más características de las Carmina burana son las llamadas Kontrafakturen, que imitan con su ritmo las letanías religiosas para satirizar la decadencia de la curia romana, o para construir elogios al amor, al juego o, sobre todo, al vino.  Por otra parte, narran hechos de las Cruzadas, entonces en boga, así como historias sobre doncellas y caballeros que luego fueron obsesión de personajes como El Quijote.

Los cánticos se concentran también, como una constante, en la exaltación del destino y la suerte (la expresión “Oh, suerte” –“O Fortuna”– se repite como un estribillo).  Es la suerte o el destino –no necesariamente la Providencia– la que define la cotidianeidad del hombre.

Estos textos medievales son muy importantes porque constituyen la más grande y antigua colección de versos de carácter laico del Medioevo y son, como dijimos, parte del camino a la secularización de la vida europea y occidental, en general.

La colección se encuentra dividida en 6 partes:
• Carmina ecclesiástica (canciones sobre temas religiosos)
• Carmina moralia et satírica (cantos morales y satíricos)
• Carmina amatoria (canciones de amor)
• Carmina potoria (contiene obras sobre la bebida)
• Ludi (representaciones religiosas)
• Supplemantum (versiones de todas las anteriores, con variaciones)

Carl Orff, que estudió música y artes escénicas, se interesó siempre por los movimientos y formas de expresión más primarias del ser humano. Influenciado por Igor Stravinsky (____-____), se adentró en las posibilidades que el músico ruso abrió en materia musical. Al entrar en contacto con los poemas, en su Baviera natal, se sintió inmediatamente atraído por las posibilidades de esta colección para desarrollar una actividad escénica que conjugara música, danza, voces y otras formas de expresión humana.

Como cantata, Carmina burana fue compuesta entre 1935 y 1936, a partir de algunos de los textos dichos, en sus lenguas originales. Su fragmento más conocido es el O Fortuna, que constituye la primera parte del preludio y que se repite, en este caso, al final de la obra.

Orff escogió veinticinco canciones y las ordenó de modo que pudieran ser representadas en un escenario, y se cuidó de amoldar la música a la sencillez de los textos.  Aproximadamente la mitad de las piezas son canciones cuya melodía se repite en cada estrofa casi sin variantes, limitándose algunas veces a realizar simples escalas mayores o menores.

Orff subtituló la composición: Cantiones profánae cantóribus et choris cantándae comitántibus instrumentis atqüe imáginibus mágicis (“canciones laicas para cantantes y coreutas para ser cantadas junto a instrumentos e imágenes mágicas”).

La versión de Orff constituye, junto a otras dos de sus obras (Catulli Carmina y El Triunfo de Afrodita) la trilogía denominada Trionfi.  Se las puede comprar, si se quiere, con la famosa “Trilogía de la vida”, que Pier Paolo Pasolini (____-____) realizó para el cine con Los cuentos de Canterbury, El Decamerón, y Las mil y una noches.  Ambas trilogías son celebraciones de la vida, en sus aspectos más alegres y terrenales.

A lo largo de la trilogía de Orff, además de la orquesta y los coros, intervienen una variedad de solistas, como soprano, tenor, bajo, y destaca la abundante y espléndida percusión. El ritmo es el encargado de dar variedad al conjunto, impidiendo así cualquier monotonía. Esta riqueza rítmica es, quizá, la característica más importante de la obra de Orff, como sucede en muchas de las piezas de Stravinsky que esperamos visitar en un futuro almuerzo cultural.

La presentación de este jueves es una puesta en escena del famoso escenógrafo francés Jean-Pierre Ponnelle (____-), quien conjuga algunos elementos usuales de las presentaciones de esta obra, con escenarios ingeniosos que facilitan la participación de los personajes en una trama dinámica y activa. Debido a ello, los personajes aparecen e interactúan de manera libre, en lugar de limitarse a mantenerse estáticos sobre el escenario como meros coros, solistas y orquesta. Además, interpretan la obra dos solistas primer orden: Hermann Prey (____-) y Lucia Popp (____-), así como un coro y una orquesta bávaros, lo que le da visos de autenticidad a la interpretación.

La puesta en escena de Ponnelle ha sido descrita como una orgía visual de imágenes icónicas y de referencias valiosas a la historia del arte (en especial la pintura europea), así como un tributo a lo sagrado y lo profano, a lo celestial y lo mundano, y a todo lo que ensalza al arte como actividad humana.

Ojalá que puedan acompañarnos. Lo van a disfrutar.

Saludos,

Carlos.

jueves, 20 de mayo de 2010

Almuerzo cultural: Mr. Bean (cortos).

Estimados amigos,

Este jueves hemos decidido tener un almuerzo liviano, pero gustoso, en compañía de Mr. Bean, el famoso personaje de la serie inglesa de cortos cómicos del mismo nombre, que estuvo al aire de 1990 a 1995.

Aunque para algunos Mr. Bean es tonto, un análisis del personaje en mayor profundidad nos revela más bien una especie de ángel caído. Sólo así podemos explicarnos que, al inicio de cada capítulo, se vea al personaje caer literalmente del cielo, bajo un halo de luz, en medio de un cántico sacro que esencialmente dice: “Ecce homo qui est faba”; esto es, "Mira al hombre que es un frijol”.

Como ángel, Mr. Bean es amoral, pues está por encima del bien y del mal. En eso se parece a ese otro personaje angelical que encontramos en la película Michael (1996), de la directora Nora Ephron (Sleepless in Seattle, You've Got Mail, Julia and Julie). Para los que la recuerden, en esa película se hacía una aclaración fundamental, en lo que respecta a su exactitud: Michael (el arcángel Miguel) es un ángel, pero no es un santo. Algo similar ocurre con Mr. Bean.

Mr. Bean es también como un niño grande, que reacciona de modo inesperado a las diversas circunstancias que se le presentan en su actividad cotidiana. Algunas cosas le importan mucho, incluso hasta causar la exasperación del televidente; otras, simplemente no le merecen atención alguna, aunque para nosotros sean totalmente relevantes.

Las reacciones de Mr. Bean son cómicas justamente por lo extraño de su proceder. Es –si se quiere– el típico inglés que conocemos, sólo que llevado al paroxismo. Como ángel o como niño grande, el personaje puede ser ingenuo o cínico, tierno o malvado, divertido o excéntrico. Habla poco (algunos lo comparan con un mimo), pero cuando lo hace se expresa con una voz grave, muy peculiar. En general, se dice que Mr. Bean es una caricatura del hombre común. Representa los momentos tontos que vive cualquier persona en su vida diaria, llena de incidencias comunes, que en este caso son llevadas al extremo.

Dadas las características del personaje, es claro que Mr. Bean vive solo (esto si no contamos a Teddy, su osito de peluche y mejor amigo, con quien comparte sus sentimientos más personales). Además, tiene también una novia, innominada, con la que mantiene una relación casta y cordial, manchada por ocasionales explosiones de enojo de parte de ella que nosotros, los mortales, podemos entender plenamente.

Los capítulos que veremos hoy ilustran los aspectos básicos del personaje. Están bien logrados por su economía de recursos técnicos, por la riqueza gestual de un rostro y un cuerpo caricaturescos, y por la astucia de las sencillas tramas.

Mr. Bean es una creación del actor Rowan Atkinson, ingeniero egresado de las universidades de Oxford y Newcastle. Lo mejor de su obra son estos cortos, aunque haya realizado también algunas películas de largometraje, para el cine y la televisión.

Están todos invitados para disfrutar de su almuerzo de hoy en compañía de Mr. Bean.

Saludos,

Carlos.

jueves, 13 de mayo de 2010

Almuerzo cultural: Beethoven - Sinfonía No. 3 (Heroica).

Estimados amigos,

Este jueves tenemos un invitado de lujo: Ludwig van Beethoven. Paradigma de la música, Beethoven fue un verdadero titán, por lo que entronca bien con los temas recién explorados durante nuestros últimos almuerzos.

Como figura, Beethoven fue un hombre que se salió de los moldes usuales, ya que -lo mismo que Miguel Ángel- vivió, creó y sufrió en gran escala, y todo lo que enfrentó lo resolvió con voluntad, tenacidad y una fuerza prodigiosa.  Como Prometeo, nos entregó obras que estaban muy por encima de lo conocido en su tiempo y, al hacerlo, cambió la historia para siempre.  También como Prometeo, Beethoven fue un benefactor de la humanidad y pagó un precio importante por ello, aunque, merecidamente, el reconocimiento que se le hace en la actualidad es unánime y absoluto.

Tardamos casi un año en presentar alguna obra de Beethoven.  El problema es que cuesta mucho elegir entre su catálogo, ya que es amplio y de una altísima calidad.  En algún momento, incluso, pensamos en la posibilidad de hacer ciclos sobre sus obras: sus sinfonías, sus conciertos, sus sonatas para piano, sus cuartetos de cuerdas, etc., pues, en efecto, su obra da para todas esas posibilidades.  Sin embargo, las exigencias de tiempo hacían esta posibilidad muy complicada para el formato de un almuerzo.  Al final, se nos ocurrió que convenía empezar por la obra que señala un antes y un después en la historia de la música clásica, pues es con ella que el compositor rompe los esquemas de Mozart y Haydn y pone a Viena primero, y luego al resto de Europa, de cabeza con una sinfonía que va a tono con los tiempos revolucionarios que se vivían por entonces.  Con esta obra se inicia el romanticismo musical, que habría de extenderse como un incendio por todo Occidente, para estar en boga por casi cien años.

La Sinfonía No. 3 en mi bemol mayor, op. 55, de Beethoven es notable porque ser desproporcionadamente larga para los estándares de la época y porque contiene disonancias y acordes completamente alejados de los esquemas clásicos en boga.  Su estilo es distinto a todo lo conocido, debido a la intensidad de los ritmos, a que los silencios están fuertemente marcados, y a que sus pasajes son infinitamente memorables.  En efecto, el primer movimiento marca la pauta de un mundo musical nuevo; luego, hay una extraordinaria profundidad en la marcha fúnebre que conforma el segundo movimiento; y, finalmente, el espíritu luego se desborda por la fuerza triunfal de los dos últimos tiempos de la obra.

La fuerza revolucionaria de esta pieza es tal, que Beethoven la dedicó primero al hombre que en ese momento marcaba de manera decidida el cambio en Europa: Napoleón Bonaparte.  Luego, ante la noticia de que éste se había coronado a sí mismo emperador de los franceses, tachó muy molesto la dedicatoria y simplemente dedicó la sinfonía "al recuerdo de un gran hombre".

Al respecto resulta interesante lo que dice un autor, que destaca la importancia de la obra más allá de su circunstancial relación con el general y emperador francés:

El verdadero héroe de la Heroica no fue Napoleón.  La ambivalencia de Beethoven con respecto al líder francés se transformó en una declaración subjetiva sobre el heroísmo del nacimiento, la muerte y el renacimiento.  Lo que realmente está enterrando Beethoven (con su Marcha Fúnebre) no es a Bonaparte, ni siquiera a sus propias actitudes conflictivas hacia Napoleón, sino al estilo clásico de la música.  Lo que nace es una música abiertamente emotiva de una fuerza y una inmediatez sin precedentes.  El verdadero héroe de la Heroica es la música misma.

(...) Después del nacimiento de la Heroica, ningún compositor posterior pudo ignorarla. El desarrollo de la música sinfónica del siglo XIX se puede rastrear hasta la Heroica más que a cualquier otra obra, y le llevó a los compositores más de un siglo agotar su trascendencia.
(http://www.hagaselamusica.com/clasica-y-opera/obras-maestras/sinfonia-heroica/)

La interpretación de la Sinfonía Heroica estará a cargo de la Filarmónica de Berlín, dirigida en esta oportunidad por Claudio Abbado, uno de los directores más preclaros de nuestro tiempo. Están todos invitados.

Saludos,

Carlos.

jueves, 6 de mayo de 2010

Almuerzo cultural: Frankenstein.

Estimados amigos,

El jueves pasado, durante la presentación del mito clásico del Vellocino de oro, conversamos someramente sobre la figura del titán Prometeo y su significación como mediador entre el mundo divino y el humano.

Según los griegos, Prometeo fue el creador del hombre y el protector de la civilización: modeló al hombre a partir del barro y le infundió vida de acuerdo con el mandato recibido de los dioses; más tarde robó el fuego a los dioses y lo entregó al hombre quien, gracias a ese regalo, inició todo su desarrollo tecnológico. Como creador y protector de la vida humana, Prometeo asumió responsabilidades que eventualmente lo llevaron a un destino trágico.

Relacionado con esa conversación, hoy exploraremos uno de los clásicos de la literatura fantástica: Frankenstein o el moderno Prometeo, de la escritora británica Mary Shelley (1797-1851), esposa a su vez del famoso poeta romántico, Percy Bysshe Shelley.

Aunque al personaje principal se le asocia con el género del terror, la verdad es que la historia es mucho más compleja que un mero cuento de miedo. En manos de esta escritora, un hombre (el Dr. Frankenstein) descubre un método para dar vida a un cuerpo muerto. Dado lo revolucionario del descubrimiento, el Dr. Frankenstein decide actuar a escondidas, en contravención no sólo de los prejuicios religiosos de su tiempo, sino incluso de la ética científica en general. El dilema del científico es continuar con su experimentación -y hacerse responsable de sus consecuencias- o bien refrenar su curiosidad y su ambición en acatamiento a los límites morales imperantes. Evidentemente, el Dr. Frankenstein se decide por lo primero y ello desata toda la trama de la obra.

Frankenstein o el moderno Prometeo pone en contraste los logros del hombre frente a las leyes de la naturaleza (o el orden de Dios, como también podría decirse). Se examina al hombre en su esfuerzo por igualar aquello que está más allá de él; algo que ha fascinado a la especie humana desde siempre y que, de muchas formas, es la principal motivación de la ciencia. Las derivaciones éticas son amplísimas y complicadas.

En cierta forma Frankenstein es una alegoría de la perversión que puede traer el desarrollo científico; concebido y escrito durante las fases tempranas de la revolución industrial, una época de cambios dramáticos. Detrás de los experimentos de Víctor Frankenstein está la búsqueda del poder divino: ¿qué mayor poder que el propio acto de creación de la vida? Así, el total desprecio que muestra Frankenstein por la naturaleza puede ser considerado como símbolo de las fuerzas imperiosas que desata el permisivo capitalismo naciente, que no respeta la dignidad básica del ser humano. De hecho, la rebelión de la criatura contra su creador es un claro mensaje del castigo que deriva del uso irresponsable de la tecnología, siendo el mal sólo una consecuencia imprevista de éste uso.
(http://es.wikipedia.org/wiki/Frankenstein_o_el_moderno_Prometeo)

La obra tiene una gran riqueza que va mucho más allá de las películas, las caricaturas y los cuentos de un monstruo que simplemente causa muerte y destrucción. Vale la pena estudiarla.

Los esperamos.

Saludos,

Carlos.

jueves, 29 de abril de 2010

Almuerzo cultural: Jasón y los argonautas


Estimados amigos,

Desde sus inicios, el hombre ha buscado explicaciones a los múltiples misterios que lo rodean: el más grande de todos, el de su propia existencia. Es, por medio de esas explicaciones, que se desarrollaron las ciencias y las artes.

En las etapas más tempranas de ese proceso –de por sí complejo y variado– surgieron los mitos, como formas de ilustrar aquellos fenómenos que afectan la existencia humana y que, dado el carácter inquisitivo del hombre, requieren algún grado de comprensión, no importa cuán básico o fantástico.

Con el tiempo, esos mitos se convirtieron en parte de la esencia misma del conocimiento. Su entendimiento, por lo tanto, revela profundidades insospechadas para la mayoría de nosotros.

Conocer los mitos de las distintas culturas es no sólo entretenido, sino prácticamente un deber humano. De esa manera logramos encontrar muchos puntos de unión entre los pueblos que, no obstante la variedad que ofrece la historia, nos demuestran la comunidad de inquietudes, preocupaciones y metas que en el fondo nos unen.

Los mitos nos acercan a la esencia del hombre. Ya Freud, Jung, Eliade y Campbell han demostrado plenamente, por diversos caminos, cómo los mitos reflejan aspectos medulares de la existencia humana y explican muchos de los problemas y comportamientos –buenos y malos– de nuestra sociedad.

Luego de la maratónica que tuvimos sobre el Medio Oriente, al que dedicamos tres sesiones del almuerzo cultural, resulta refrescante cambiar la temática hacia la mitología. Nos dedicaremos esta vez a los griegos, quienes están en la base de nuestra civilización. Vamos a revisar el famoso mito del vellocino de oro; es decir, la historia de Jasón y los argonautas, entendida no sólo como un hermosa leyenda, sino también como una manera de ilustrar el viaje del hombre, de su juventud a su madurez.

Desafortunadamente, una sesión apenas si alcanza para un tema concreto. No obstante, ya va a haber tiempo para explorar, en otras ocasiones, los mitos de las distintas culturas, los cuales, igual que el de Jasón, revelan aspectos fundamentales de nuestro ser.

Nos vemos a mediodía.

Saludos,

Carlos.

jueves, 8 de abril de 2010

Almuerzo cultural: El Medio Oriente.

Estimados amigos,

Desde que el hombre existe, el Medio Oriente ha desempeñado un papel clave en su historia: los aportes y conflictos suscitados en esta zona geográfica han sido constantes y trascendentales en más de un sentido para el desarrollo de las culturas humanas (en este caso, el término “cultura” entendido en sus diversas connotaciones históricas, antropológicas y sociológicas).

Hace un tiempo, un grupo de amigos con el que me reúno una vez al mes me planteó la posibilidad de hacer un trabajo sobre el Medio Oriente que pudiera exponer los orígenes de los conflictos en la zona, su desarrollo y sus perspectivas actuales, de modo que pudieran ser entendidos algunos conceptos que vemos u oímos con regularidad, como parte de nuestra realidad, pero que no aprehendemos a cabalidad, lo que limita nuestra comprensión de lo que allí ocurre y la forma en que esto nos afecta.

Acepté la propuesta de realizar una presentación para el grupo gracias a una breve pero efectiva confabulación de mis compañeros. El ensayo fue interesante y el esfuerzo más grande de lo que al principio supuse.

Dado que ya la tengo, me gustaría tener la oportunidad de exponérselas. No está al nivel de los connoisseurs, como Julio Kierszenson, pero es un intento honesto de acercarme al tema, sin prejuicios y por medio de la información más inmediatamente disponible. Es claro que la presentación no tiene la pretensión de ir más allá de lo meramente informativo o descriptivo, pero contiene suficiente información como para permitirnos tratar el tema con más elementos de juicio de lo que es usual para personas que –como nosotros– no tienen que enfrentar regularmente este asunto, al menos en forma directa.

Están invitados a acompañarnos este jueves a las 12:30 del día.

Saludos,

Carlos.

jueves, 25 de marzo de 2010

Almuerzo cultural: El Réquiem de Mozart.

Estimados amigos,

De vuelta en el espíritu de la cuaresma, que nos pide reflexionar sobre la fragilidad de la existencia humana, nos parece oportuno presentar una obra que es clásica en muchos sentidos.  Clásica por la época estilística en la cual surgió; clásica también por los valores imperecederos que representa, válidos en Occidente y en la mayor parte del mundo; clásica, finalmente, por los estándares fijados por esta obra, al convertirse en paradigma musical de género "réquiem"; es decir, aquella misa que se escribe e interpreta en la liturgia católica para conmemorar la muerte de una persona.

El Réquiem de Mozart es famoso, además, por las circunstancias que dieron pie a su composición.  La famosa película "Amadeus", de Milos Forman (1984), basada en la pieza teatral de Peter Schaffer, gira en torno a la composición del Réquiem en los meses anteriores a la muerte del famoso músico.

La historia del Réquiem (y quizá sea apropiado también hablar aquí de leyenda) es bien conocida: un misterioso extraño, vestido de gris (de hecho, el sirviente de conde von Walsegg, lo cual Mozart desconocía en ese momento) ofrece un generoso pago al compositor para la composición de una misa de réquiem que debe ser escrita en secreto.  El desconocido le entrega al músico un adelanto del precio ofrecido y desaparece, advirtiéndole que volverá en un mes por la obra. Lo que sucede es que el conde -compositor aficionado y mediocre- desea presentar la obra, como si fuera propia, en una misa en memoria de su esposa, que acaba de fallecer.  Por eso manda a un sirviente a hacer el encargo alcompositor, para garantizar su anonimato.  Para ese entonces, vale la pena agregar que Mozart se encuentra ya en una etapa avanzada de la enfermedad que habrá de matarlo.

Mozart, que era supersticioso y le temía al tema de la muerte (quizá presintiendo la propia), aceptó el encargo del desconocido por varias razones importantes: (i) porque estaba debilitado por su propia enfermedad, que lo consumía aceleradamente, lo que le impedía gestionar comisiones para trabajos remunerativos; (ii) porque -dada su situación- necesitaba el dinero; (iii) porque estaba obsesionado con la reciente muerte de su propio padre, Leopold Mozart, de quien se había alejado por el tiránico rol que éste había desempeñado durante la mayor parte de la vida del compositor (de ahí que, para Mozart, componer una misa de réquiem en ese momento parecia ser un apropiado deber filial respecto a su padre); (iv) porque lo sobrenatural le fascinaba, al mismo tiempo que le causaba temor, especialmente tras su vinculación a la masonería; y, (v) porque todo el asunto lo tomó por sorpresa y tuvo pocas posibilidades para reaccionar de otra manera.

Para complicar la historia, Mozart recibió por esos días una solicitud desde Praga para escribir la ópera "La clemencia de Tito", con el objeto de celebrar la coronación de Leopoldo II como emperador austro-húngaro. Ese viaje hacía naturalmente imposible cumplir con el encargo del Réquiem, pero Mozart, siempre urgido de dinero, aceptó ir a Praga no obstante su compromiso con el desconocido, para ganarse ese ingreso adicional.  A punto de iniciar su viaje, justo antes de subir a su carruaje, dio la casualidad que el desconocido se presentó de nuevo en su casa, preguntando por el trabajo comisionado, lo cual sobrecogió al compositor, no sólo por su evidente incumplimiento, sino por las circunstancias particulares de su propia salud, que era cada vez más precaria.

El compositor vio en todas estas circunstancias un signo del destino y, aunque persistió en su idea de viajar a Praga, comenzó ávidamente a componer la obra.  Algo le decía que, más que una comisión, se trataba de un aviso que le enviaba la Providencia sobre el final de su vida.  Eventualmente, ese resultó ser el caso. Mozart no llegó a completar la orquestación de la obra, mucho menos a terminarla.  Se cree que dejó escrito lo básico de la obra: tres secciones con el coro y órgano completo: el Introitus, el Kyrie y el Dies Irae, y algunas indicaciones instrumentales y corales para el Domine Jesu y el Agnus Dei.  Del resto sólo dejó las partes instrumentales, el coro, voces solistas y el cifrado del bajo y órgano incompletos, además de algunas anotaciones con ideas respecto a cómo concibía el resultado final de su trabajo.  A la muerte de Mozart, su discípulo Franz Xavier Süssmayr fue comisionado para terminar la misa a partir de los fragmentos inconclusos del compositor.

Süssmayr siguió las directrices de Mozart, completó las partes faltantes de la instrumentación, agregó música donde hacía falta y compuso un Sanctus.  Para el Communio, que también faltaba, Süssmayr reutilizó los temas del Introitus y el Kyrie para darle cierta coherencia estilística a la obra.

Mozart murió y, por diversas razones, no recibió un funeral apropiado.  Paradójicamente, su genio inigualable no impidió que terminara descansando en un fosa sin nombre.  En cambio -y esto es irónico-, el Réquiem fue interpretado el 14 de diciembre de 1793, en una misa en memoria de la condesa von Walsegg, bajo la dirección del propio conde (aunque la autoría del trabajo no pudo ya ser ocultada).

Muchas otras misas de réquiem han sido compuestas a través de los años, antes y después de Mozart. Ockenghem, Lasso, Palestrina, Victoria, M. Haydn, Salieri, Cherubini, Berlioz, Schumann, Verdi, Bruckner, Brahms, Fauré, Gounod, Dvořák y Britten, entre otros, trabajaron sobre la idea de una misa de muertos, cada uno con su estilo y lenguaje muy particulares; sin embargo, el modelo de Mozart es la vara que ha servido para medir a los demás.  Por eso es un clásico.

Sobre el Réquiem de Mozart es interesante saber que los funerales de Beethoven, Chopin y Napoleón tuvieron al Réquiem como música principal.  Un dato adicional: la presentación de este jueves es especial porque se organizó hace algunos años para conmemorar el bicentenario de la muerte del propio compositor.  La formidable Orquesta Filarmónica de Viena fue dirigida en esa ocasión por sir Georg Solti, director de origen húngaro pero de ciudadanía británica, quien fuera, además, uno de los directores más influyentes de su época (murió en 1997), en las mismas ligas artísticas de Karajan y Bernstein.  El cuarteto de solistas es del más alto nivel y el ambiente inmejorable.

Los esperamos.

Saludos,

Carlos.